111 años de idas y venidas
- Pedro

- 11 abr 2020
- 2 Min. de lectura
Cuando visitas por primera vez una ciudad como Nueva York y sales de la bocana del metro, lo primero que llama la atención son sus puentes. Cruzar Manhattan es espectacular y si el tiempo acompaña (viva el sol) aún más.
Todo el mundo dice que es una de las mejores estampas que debe uno fotografiar en su visita a Estados Unidos, y tienen razón. Es un gran símbolo que comenzó a gestarse hace más de 100 años, hay que recordar que abrió al gran público el 30 de marzo de 1909.
Su construcción fue larga y tediosa, ocho largos años de obras, pero merecieron la pena.
Fue un gran avance que conectó los barrios de Queens y Manhattan. Paseando por el puente uno se da cuenta realmente de que los americanos construían (y siguen haciéndolo) “a lo grande”. Dos kilómetros de longitud y un total de 9 carriles para el tráfico no son poca cosa, pero lo que más recuerda uno es la imagen que hemos disfrutado en tantas películas, y ha sido seguido durante las maratones de Nueva York.
Como dato reseñable destacar que el ingeniero jefe encargado de la edificación de Manhattan fue el polaco Ralph Modjeski, apoyado en Leon Moiseiff para la construcción del cableado. El puente cuenta con cuatro carriles para vehículos en el nivel superior y en el inferior tres carriles más, cuatro vías del metro, una acera peatonal y una ciclo vía. En su origen, la Ruta Estatal de Nueva York 27 pasaba por dicho puente. Es impresionante ver desfilar cada día a más de 45.000 personas, cada uno con sus preocupaciones, y también es curioso que de esa cifra, unos 4.500 lo hagan en bicicleta.
Cuando uno cruza el puente de Manhattan no puede evitar pensar en la gran cantidad de películas y series que ha visto a lo largo de su vida inspiradas en él. Ha sido y es un referente en la historia del cine y no es para menos.
Es todo un reto y una aventura realizar a pie, en bicicleta, corriendo o en coche sus 3 kilómetros y recorrer de un extremo a otro. Lo más gratificante al llegar al final es acercarse a la zona de la playa y poder sentarse a disfrutar de las vistas que ofrece Manhattan. Recomiendo encarecidamente ir a conocer el Brooklyn Bridge Park y la zona del embarcadero, donde para recuperar fuerzas hay un montón de puestos para comer algo. Nueva York tiene tanto que ver… que nunca acabas.




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