De estación de tren a prestigioso museo en Paris
- Pedro

- 11 may 2020
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Orsay no fue siempre el maravilloso museo que alberga grandes obras impresionistas. La orilla del Sena en su margen izquierdo era en sus inicios una antigua estación de tren que recibía a miles de franceses procedentes de varias ciudades. Se levantó sobre las ruinas del vetusto palacio que llevaba su mismo nombre.
A finales del siglo XIX se lanzó un concurso para designar al arquitecto encargado de crear lo que serían los planos de la última parada de la Compañía de Ferrocarriles de Orleans. El ganador fue Victor Laloux, profesor en la Escuela de Bellas Artes y que venía de terminar el ayuntamiento en la bella ciudad francesa de Tours.
Con el apoyo de sus amigos Lucien Magne y Émile Bérnard, decidieron construir un hermoso hotel dentro de la estación al que no le faltase de nada: servicio de recepción, ascensores, montacargas o rampas fueron algunos de sus elementos. La estación se inauguró el 14 de julio de 1900 para la Exposición Universal. El nombre sigue presente en su fachada hoy en día.
Hasta 1939 se mantuvo a la cabeza de la red ferroviaria suroeste en Francia. No hay que olvidar que además de ofrecer un gran servicio a los viajeros franceses fundamentalmente, también se utilizó como centro de reuniones y banquetes de las asociaciones y partidos políticos.
Con la llegada de la modernización del servicio de ferrocarriles, sus vías se quedaron demasiado cortas para albergar larga distancia, así que su uso se vio reducido y los avances tecnológicos de otras estaciones como Austerlitz, hicieron que perdiera su posición. Sería en 1958 cuando el tráfico ferroviario desaparecería definitivamente.
Tras unos años en los que se pensó en ella como complejo hotelero, finalmente la dirección de Museos de Francia decidió instalarse en 1975 y mostrar todas las obras de arte de la segunda mitad del siglo XIX. La reorganización y reestructuración del edificio se tomó dos años más tarde bajo la supervisión de la arquitecta italiana Gaetana Aulenti, que diseñó el interior, toda la decoración, su mobiliario y la distribución del mismo.
Reconozco que es uno de mis museos favoritos del mundo y he pasado muchas horas allí disfrutando y contemplando cada una de sus obras expuestas. Me apasiona el impresionismo, creo que es un género único que debería estar más cuidado y tratado en otros sitios. Pasear y recorrerlo es muy relajante y como antiguo estudiante de historia del arte, para mí es todo un honor acercarme visitar a los más grandes. Artistas como Degas, Manet, Monet, Pisarro, Renoir, Rodin, Sisley y por supuesto Van Gogh.
Ningún otro museo cuenta con una colección tan amplia. Pese a que sólo exhibe obras realizadas entre 1848 y 1914, fue tan productivo ese período que vale la pena. En esa época surgieron muchos movimientos recogidos todos allí. El puntillismo, el simbolismo, el primitivismo o el academicismo entre otros.
He ido más de diez veces a lo largo de mi vida y creo que cuando todo esto pase… habrá más.



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