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El regreso a la Edad Media

  • Foto del escritor: Pedro
    Pedro
  • 18 abr 2020
  • 2 Min. de lectura

Si piensas que ir a Paris solo es el Louvre, la Torre Eiffel, Campos Elíseos, Montparnasse o Montmartre, estás muy equivocado. Los turistas cuando se acercan a la capital francesa normalmente se quedan con esto, pero hay más vida. Y un gran ejemplo de ello es Provins. Situada a tan solo 90 kilómetros fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001. Por algo será…


En 2015 firmé mi primer contrato en Disneyland y como la capital ya la tenía muy vista, se me ocurrió investigar en Google Maps qué otras ciudades y pueblos interesantes había cerca de Marne La Vallée. Cuál fue mi sorpresa cuando topé con este maravilloso enclave.

Provins, que ya contaba con peso durante la época medieval, fue capital del antiguo condado de Champagne y acogía una de las ferias más importantes en ese momento. Numerosos comerciantes acudían de muchas partes del mundo siendo Flandes, Oriente, Italia y casi toda Europa sus clientes potenciales.


Cuando uno llega a esta ciudad, en mi caso en un bus (el número 50) que te lleva directo desde Disneyland y que tarda 1h10, lo primero que contempla es una gran puerta amurallada muy bien conservada.


Si sigues andando y te adentras en ella, te sentirás realmente como si llevaras casco, armadura y fueses montado a caballo portando una lanza. Se respira un ambiente de la época por los cuatro costados. Sus habitantes han sabido perdurar la tradición y tanto sus tiendas, restaurantes como diferentes eventos, todo gira en torno a ese mundo.


Además cuenta con una fantástica colegiata, la de Saint- Quiriace, con entrada gratuita y que se conserva casi intacta. Un tempo que fue construido en el siglo XII pero que nunca se llegó a terminar por problemas económicos. Al salir de ella, si continuamos caminando llegaremos a otra de las vistas más recomendables en Provins, los Jardines de Brevan. Un enclave para relajarnos y que suele estar bastante concurrido.


Y no muy lejos de allí se haya su famosa plaza del Chatel, el centro neurálgico. Durante la Edad Media fue el entorno en el que se llevaban a cabo las transacciones monetarias, numerosas ferias y que en la actualidad es el sitio indicado para parar a comer, ya que cuenta con restaurantes, bares y cafeterías.


Pero para mí, si algo quería ver en Provins son sus espectáculos y recreaciones. Recomiendo a todo el que se acerque si tiene tiempo, que no se pierda “La Leyenda de los Caballeros”, una forma lúdica que gustará tanto a pequeños como a mayores y que cuenta el regreso de Teobaldo IV de la cruzadas. Los actores que dan vida al show, realizan acrobacias, malabares, torneos medievales, y además hay una exposición de antiguas máquinas de guerra.


Para los que quieran llevarse un souvenir de la ciudad, a mi lo que más me gusta siempre que voy es su famosa Rosa de Damasco, que utilizan tanto para fabricar jabones, y ambientadores como vinos. SI van en verano, prueben su helado, también tiene un sabor a la rosa.

 
 
 

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