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La calle de l@s ‘Instagramers´

  • Foto del escritor: Pedro
    Pedro
  • 27 abr 2020
  • 2 Min. de lectura

París cuenta con tantos rincones y tantos lugares maravillosos que recorrer que uno siempre encuentra una sorpresa que se sale del guion turístico por excelencia. Llevo muchos años viviendo allí, así que se puede decir que en ocasiones me siento un parisino más. Conozco al detalle y al dedillo cada uno de los rincones más emblemáticos y hermosos de la capital francesa.


Hoy voy a hablaros de un sitio que probablemente pocos habréis oído. Últimamente se ha puesto muy de moda que las modelos de revistas y todas aquellas que se han abierto un´book´ se inmortalicen en poses imposibles y a veces por qué no decirlo, ridículas, que un ser humano normal jamás haría. Pues bien, en Paris existe una calle cercana a la famosa estación de tren de la Gare de Lyon por donde transitan miles de turistas que ahora mismo es la fiebre fotográfica.


Se trata de la rue Crémieux. Este personaje, de nombre Adolphe, fue un abogado y político (1796-1880) miembro del Gobierno de Defensa Nacional y autor de un célebre decreto que concedió la nacionalidad francesa a los judíos procedentes de Argelia. Desde 1993 esta calle es peatonal. Lo que más destaca de ella es la construcción simétrica de sus edificios, no de gran altura, lo que le permite jugar con las proporciones. Todas sus viviendas cuentan con un máximo de tres pisos y en su superficie, algo que tanto gusta a los franceses, las buhardillas.


Es agradable recorrerla y pasear por allí porque se sale de lo general, ninguna otra calle de Paris guarda aspecto semejante. Estamos acostumbrados a que cuando recorremos una gran ciudad hablamos siempre de edificios antiguos, de ladrillo o piedra en su gran mayoría y si son modernos suele ser una especie de nueva urbanización con chalets adosados. Eso aquí se rompe.


Los vecinos de esta popular rue han visto como se han hecho famosos. Por ello no han dudado en engalanar sus aceras para darle un toque ajardinado. Casi todos ellos han puesto sus mejores plantas a lo largo y ancho de ambas aceras, lo que permite a los transeúntes disfrutar con una selección variada de ellas. Todo esto podría dar para una novela, se me ocurre como título La vecina que vivía en una casa amarilla. Lo raro es que nadie haya pensado en ello aún…

 
 
 

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