La ciudad de la luz y del perfume
- Pedro

- 7 may 2020
- 3 Min. de lectura

A una hora de París se encuentra la maravillosa ciudad de Chartres. Situada en la región de Eure et Loir se ha ganado el prestigio de formar parte de la lista de lugares patrimonio de la humanidad que concede la UNESCO. Te invito a descubrirla conmigo.
En cuanto entras en ella, lo primero que te llama la atención es su impresionante catedral, Notre Dame, que cada año acoge a miles de peregrinos procedentes de las cuatro esquinas del planeta. En el año 1979 recibió este reconocimiento al mismo tiempo que lo lograron otros iconos como el Mont Saint Michel, Vézelay o el castillo de Versalles. Fue la primera catedral del gótico francés que obtuvo este enorme galardón. El interior es espectacular, sobre todo por sus vitrinas.
Son más de 2600 metros cuadrados de superficie con representaciones de la época y que bien podrían formar parte del libro Guinness de los récords. Es la única catedral en el mundo que puede presumir de ello. Su elegancia y equilibrio le hacen ser una de las más hermosas.
Pero Chartres tiene muchas más cosas a ver, yo solo estuve un día pero ya estoy deseando volver. Recomiendo enormemente acercarse a su particular Hotel Montescot. Su historia se remonta al siglo XVI con la figura de Jean de Montescot. Un administrador de la época que recibió el título de duque de la ciudad y que siempre fue fiel al rey Henri III.
Uno de los aspectos más interesantes a fijarse y resaltar del edificio son los bustos de la familia real en los exteriores de la fachada. El ayuntamiento lo adquirió en 1824 y tuvo que esperar hasta 1875 para iniciar su limpieza y reconstrucción. Aquí podíamos contemplar a personajes como Henry IV, Louis XIII y María de Médicis.
No lejos de la catedral se encuentra la Casa del Salmón (la Maison du Saumon). Levantada a finales del siglo XV lo que más llamará tu atención será su fachada. Durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeada pero resistió al incendio de las tropas alemanas. El 1 de agosto de 1944 se temió por este emblemático edificio pero gracias a la labor de los bomberos que acudieron rápidamente a sofocarlo, sobrevivió.
Desde el siglo XIX, Chatres empezó a ser conocida por sus perfumes. No en vano, una de las mayores empresas del sector, que pertenece a la familia Puig, una gran compañía, posee un centro de producción en la localidad francesa.
También me gustó mucho el recinto de Loëns. El antiguo centro de recursos agrícolas de la ciudad y que curiosamente años después, ahora está abandonado, tuvo una función totalmente distinta a la de sus inicios. Se convirtió en la sede de un tribunal administrativo y también fue una prisión.
Cerré mi tour por Chartres con la visita a la casa en la que vivió Henry IV, uno de los monarcas de Francia y que residió aquí entre 1553 y 1610. Es cierto que cuando uno se da una vuelta por la calle en la que está, no es fácil distinguirla del resto de edificios. A simple vista no llama mucho la atención pero pasarán los años y se la recordará como una de las estructuras más famosas de la ciudad.
Desde la antigüedad ha sido una ciudad muy visitada por turistas y curiosos y sigue gozando de esa fama también entre la cultura universitaria del país. Acércate a conocerla.



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