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La ciudad de los papas

  • Foto del escritor: Pedro
    Pedro
  • 1 jun 2020
  • 2 Min. de lectura



A orillas del río Ródano se halla una de las joyas de la Provenza, Avignon. Está bella ciudad medieval fue durante cerca de un siglo, el centro del cristianismo. Allí trasladaron los papas la sede pontificia. Hoy en día ha logrado convertirse en Patrimonio de la Humanidad.


En el año 2012 tuve la posibilidad de viajar a conocerla a primeros de diciembre. Nada más llegar a ella destaca por encima de todo, su puente. Le Pont d´Avignon, sobre el que se ha escrito un poema, es uno de los símbolos de la ciudad. La tradición señala que su pasarela, toda de piedra, fue levantada por Saint Bézénet.


Antiguamente, el puente unía las dos orillas del Ródano pero debido a unas enormes inundaciones en el siglo XVII, su pasarela fue destruida. Ha habido varios intentos por reconstruirlo pero lamentablemente nunca se ha podido. Únicamente quedan 120 metros y 4 arcos de lo que fue el gran puente, antaño contaba con 900 metros y 22 arcos, con lo que nos podemos hacer una idea del gran carisma que tenía.


Algo muy característico de esta zona de la Provenza francesa es su lavanda. Desde su pasarela podemos sentir ese viento mistral que arrastra la esencia de la lavanda cultivada en los alrededores y un paseo alrededor del río nos permitirá escuchar el murmullo del agua bajo los pies, además de fotografiar esa espectacular panorámica del centro urbano.


Avignon fue durante el siglo XIV sede papal de Francia. Su Palacio Papal, un enorme edificio gótico cuenta con una bella capilla, lugar de oración privada por el que pasaron los 7 papas que se asentaron en la ciudad. También es digno de ver su Petit Palais, el antiguo palacio episcopal residencia durante un tiempo de los obispos. Ahora es una impresionante galería de arte que guarda los recuerdos más destacados de época renacentista.


Pasear por su centro histórico es perderse entre callejuelas medievales y descubrir murallas, sin duda uno de los mayores atractivos de la ciudad. Me encantan los lugares que conservan tan bien su aspecto del medievo como sucedía también con Carcassonne de la que ya hablé el otro día. Es lo que tiene Francia, nunca deja de sorprenderte…

 
 
 

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