La sala de espectáculos más importante de Paris desde 1889
- Pedro

- 23 abr 2020
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A finales del siglo XIX Paris vivió una gran época de crecimiento cultural. Hasta entonces los parisinos no eran asiduos a frecuentar bares, salones, cines y mucho menos terrazas. En pleno periodo de efervescencia artística, la zona de Butte Montmartre inauguró su tan famosa basílica que hoy en día sigue siendo lugar destacado de visita. Y eso supuso que todas las clases sociales se mezclaran en busca de entretenimiento.
Los cafés se llenaron de conciertos a los que acudían burgueses, aristócratas y gente de toda clase con el único propósito de divertirse reunidos en torno a una mesa disfrutando de un espectáculo mientras disfrutaban de una buena cena. Así se crearon los famosos cabarets artísticos. Algunos de ellos lograron la fama y fueron muy reconocidos: Le Chat Noir (el Gato Negro) con sus míticos decorados el Mirliton, Folies-Bergère y por supuesto…le Moulin Rouge.
Hablar del Moulin Rouge es hacerlo de una sala que terminaría siendo uno de los cabarets más famosos de Europa. El barrio donde está situado, Pigalle, fue la cuna de la pintura impresionista durante todo el siglo XIX, y fue un español, Josep Oller, propietario del Olympia, el que fundó esta sala. Su nacimiento trajo consigo también lo que se conoce como la belle époque.
Un periodo histórico previo a la Primera Guerra Mundial que se caracterizaba por el optimismo en un progreso tecnológico que iba llegando poco a poco, una satisfacción social y un crecimiento económico. Aunque el eje en torno al cual giró todo fue el nacimiento del baile del cancan. Su invento, obra de Charles Morton, supuso un gran impacto y con el tiempo fue considerado un arte. Por supuesto, representado en numerosas ocasiones en esta sala.
Grandes artistas de la talla de Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Liza Minelli o Edith Piaf se han subido a su mítico escenario. Porque el Moulin Rouge ha sido, es y será musa y título de grandes canciones, de grandes obras teatrales, argumento central de muchas películas, series de televisión y tantas y tantas otras cosas que han sido plasmadas en la literatura. Ya son 131 años dando espectáculo… y los que vendrán.




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