Mi primer viaje al extranjero
- Pedro

- 15 may 2020
- 2 Min. de lectura

En el año 2001, cuando contaba con 17 años, viví una de las experiencias más gratificantes de mi vida y que aunque haya pasado tanto tiempo desde aquel entonces, siempre recordaré con mucho cariño. Promovido por una de las empresas que se dedicaba a los cursos de verano en inglés, pasé un mes espectacular en Irlanda, en el que perfeccioné el idioma.
La ciudad en la que viví junto a una familia se llamaba Portmarnock, cerca de Dublín. Su ambiente costero a tan sólo 15 kilómetros de la capital hacía de ella un enclave propicio y muy agradable para disfrutar de un verano diferente, y vaya si lo fue. Desde el primer momento en cuanto aterrizamos todo era distinto a lo que había vivido hasta entonces. Sus paisajes, su colorido, sus casas, su ambiente, la gente que me rodeaba…
Todas las mañanas acudíamos al centro de estudios de la ciudad, que estaba a cinco minutos andando de la casa donde me alojaba. La familia nos preparaba con mucho cariño el almuerzo que disfrutábamos todos juntos una vez finalizaban las clases. A las 9 estábamos citados de lunes a viernes en el centro y nos repartían en diferentes grupos según el nivel.
Recuerdo que con cariño a aquel profesor, Mr. Finian, que cada día intentaba preparar algo diferente para entretenernos. Tenía un acento bien marcado de la zona, pero no era impedimento para que nos enterásemos de lo que nos exponía. Sus clases eran muy amenas, no era la típica formación de repaso que tantas y tantas veces hemos dado durante nuestra vida.
Aprendimos mucho con él, desde redactar cartas y artículos sobre viajes, a vocabulario sobre temas cotidianos que son muy útiles en nuestro día a día, la tecnología, programas de televisión, gustos musicales, narrativa, películas… Creo que fue una de las mejores enseñanzas que he tenido nunca.
Los fines de semana teníamos siempre actividades programadas para conocer los alrededores y la familia nos llevaba con ellos a Dublín. Allí todo era verde, enormes terrenos y praderas para andar, pasear, jugar al fútbol o simplemente respirar aire puro.
Portmarnock es una ciudad con mucha historia. No es muy grande, no llega a 9000 habitantes pero es muy coqueta y se puso muy de moda a finales de los 80 por sus playas y aun lo sigue siendo. Cuenta con una gran playa, popular entre los surfistas. Y para los que les guste el golf, éste es su sitio. Su campo es de clase mundial.
Su escuela, en la que yo estudié aquel verano, ha sido clasificada recientemente como la mejor del país. Elegimos bien…



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