Mitterrand se salió con la suya
- Pedro

- 19 sept 2020
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El primer presidente de izquierdas en Francia tuvo la brillante idea en 1981 de imaginar el “Gran Proyecto Louvre” que acabaría con la construcción de la impresionante pirámide de cristal que preside el centro del magnífico museo parisino, mi preferido del mundo.
Fueron más de 22.000 metros cuadrados de extensión que dejó libre el que hasta entonces ocupaba el terreno, el Ministerio de Finanzas, trasladado a Bercy. El arquitecto chino-estadounidense Leoh Ming Pei, diseñador del mismo, tuvo a su cargo a los mejores de la época para acompañarle en un proyecto que cambió por completo a la capital francesa. El crecimiento de los visitantes se expandió de manera veloz.
Posteriormente, tuvo la idea de acceder a través del sótano por medio de la Corte Napoleón, algo que vería la luz en 1983 como una “enorme estación de metro con techo bajo”, según palabras de Pei.
El trabajo para la instalación de la pirámide de cristal arrancó en 1985 con un reto único: encontrar un vidrio transparente, ligero y que fuera muy resistente. Para ello se creó un “vidrio de diamante” en la fábrica de Saint-Gobain. Pero faltaba por llegar lo más complicado. Durante cuatro años el personal de la construcción y los arquitectos batallaron por suavizar la superficie, de tal forma que tuvieron que escalar y distorsionar el marco de acero que cimenta su conjunto.
La prensa de la épica bautizó al presidente galo como “Mitteramses” o “Tontonkhamon” en el momento de su construcción, y tenía una explicación. Lejos del consenso, la sociedad estaba dividida con la pirámide del Louvre porque no veían bien un estilo tan futurista.
Sin embargo, el proyecto cuajó y pasan los años y el Louvre sigue dando la bienvenida a un número de visitantes cada vez mayor, yo incluido. No me canso de ir.



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