Paseando por la Pequeña Francia
- Pedro

- 12 may 2020
- 2 Min. de lectura

Tenía muchas ganas de conocer Estrasburgo. Me habían hablado tan bien de esta hermosa ciudad que en 2017 me animé a ir. Y vaya si mereció la pena aquel fin de semana. Sus referencias a Europa están presentes por los cuatro costados, no en vano es la sede de varias instituciones y organismos, los más importantes el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa y el Tribunal de Derechos Humanos.
Esta ciudad cuenta con varios puntos de interés que en un par de días como fue mi caso da tiempo de sobra a ver. Comenzamos por su Catedral de Notre Dame, situada en su centro neurálgico. Para sus habitantes es su icono, igual de importante que en París. Su construcción llevó mucho tiempo, casi cuatro siglos, pero el resultado fue impresionante, Es una joya del estilo gótico tardío.
Junto a ella hay otro edificio que es objeto de las miradas de muchos turistas, hablamos de la Casa Kammerzell. Fue levantada a inicios del siglo XV y se conserva en perfecto estado. Actualmente es un hotel-restaurante.
Tampoco hay que perderse entrar al Palais Rohan, en plena plaza de la Catedral. De estilo muy clásico allí se juntan tres de los museos más importantes de la ciudad: el de Bellas Artes, Artes Decorativas y por último, el Arqueológico. Todo en Estrasburgo es bonito, a mí me ganó desde el primer minuto que puse un pie allí. Sus calles empedradas y sus plazas tan acogedoras, harán las delicias de cualquiera que se acerque.
Además, esta visita será distinta a cualquiera que hayas realizado en tu vida. No todas las ciudades tienen la suerte de contar con influencias de tres países distintos, no en vano es frontera con Francia, Alemania y Suiza. Por ello, no es de extrañar que cuente con un barrio alemán. En siglos anteriores, perteneció al pueblo alemán y éstos lo anexionaron a sus territorios entre 1880 y 1918, coincidiendo con el fin de la Primera Guerra Mundial.
Pero si me tengo que quedar con un lugar emblemático de Estrasburgo y que no podré borrar jamás de mi memoria, esa es la zona de la Petite France. Ubicada en la “Gran Isla” era el lugar de trabajo para pescadores, curtidores y molineros. Sus amplios canales acogen a muchos barcos a diarios y es una delicia pasear por sus calles empedradas.
Llama mucho la atención el colorido de sus casas, levantadas en el siglo XVII, todas ellas de madera y que aún hoy siguen en pie. Allí podrás descansar y sentirte como un antiguo marinero y pasara por sus puentes cubiertos, hay tres en total. Junto a las cuatro torres defensivas son los elementos principales de una estructura que ha perdurado en el tiempo.
Estrasburgo es oro puro, un lugar mágico lleno de luz y de color y al que volveré…



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