Un hogar para los veteranos de guerra
- Pedro

- 21 may 2020
- 2 Min. de lectura
El mejor homenaje que Francia pudo hacer a sus caídos en la batalla fue levantar lo que se conoce como el Palacio Nacional de Los Inválidos. Su complejo, de estilo barroco, se comenzó a construir a finales del siglo XVII por orden del rey Luis XIV. Se pretendía que fuesen una instalaciones para dar cobijo a aquellos veteranos que no tuvieran donde vivir.
Las obras fueron encargadas a uno de los grandes arquitectos del barroco francés, Jules Hardouin-Mansart, y en apenas 3 años los edificios principales estaban completados y comenzaron a recibir a los primeros soldados retirados. En su primer siglo de vida llegó a acoger a más de 4.000 veteranos, muchos habían solicitado la baja debido a la gravedad de sus heridas y la gran mayoría lo hizo una vez cumplido diez años de servicio.
El servir a la patria es algo que un soldado aprende desde el primer día y qué mejor forma de seguir colaborando una vez habían cesado de sus funciones que en este lugar sagrado. A algunos se les encargaba la tarea de arreglar uniformes para los que seguían en activo.
Este gran Palacio Nacional de los Inválidos atrae a diario a miles de turistas, yo he ido a visitarlo ya varias veces desde que vivo en París y es realmente sorprendente. Sin duda, lo más destacado es el mausoleo de Napoleón Bonaparte, uno de los personajes con más trascendencia de la historia francesa y europea.
Cuando cruzas las puertas de la gran cúpula bañada en oro y avanzas unos metros, llegas a su tumba. En el centro se sitúa un sarcófago de grandes dimensiones donde reposan los restos mortales del emperador, que fueron trasladados desde su lugar de destierro en la isla de Santa Elena a Francia. Es cierto que lo más llamativo de la visita en este edificio es su mausoleo, pero también cuenta con muchas más cosas que ver.
Los Inválidos también es muy conocido por su gran riqueza arquitectónica y por supuesto artística. A mí que siempre me ha atraído la historia me relaja pasear por su patio de armas. Allí uno se puede fotografiar con todo tipo de armas, desde los cañones que usaba el ejército francés en el siglo XVIII hasta la colección de armas de fuego de todas las épocas, también armaduras, pistolas y todo tipo de uniformes.
Por supuesto no puede faltar una amplia exposición dedicada al que fuera presidente de la República Francesa entre 1958 y 1969, el general Charles de Gaulle. Y por si esto fuera poco y te quedas con ganas de más, también podrás completar tu visita acudiendo al Museo de la Orden de la Liberación y al Museo de Historia Contemporánea de París.











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