Un icono de Nueva York
- Pedro

- 29 abr 2020
- 2 Min. de lectura

Uno de los mejores paseos que pueden darse en esta gran ciudad es recorrer el puente de Brooklyn caminando por su plataforma peatonal. La sensación del viento que entra desde el East River mientras cuentas los pasos que avanzas es única. Los que tengan vértigo lo pasarán un poco peor (si no miran abajo mejor).
El Brooklyn Bridge se ha convertido a lo largo del tiempo en uno de los iconos de Nueva York. Desde su inauguración el 24 de mayo de 1883 se aupó a la primera posición en cuanto a puentes colgantes se refiere a nivel mundial, con 1825 metros de longitud. También marcó pauta al ser el primero suspendido por cables de acero, lo que supuso un adelanto total a la ingeniería del siglo XIX.
Bajo sus pilares se puede leer más acerca de su historia en las placas de bronce que se instalaron. También sirve como un excelente mirador de Manhattan. Con un estilo neogótico que ha perdurado con los años no es raro contemplar como conviven peatones, ciclistas y vehículos.
Su pasado no es tan bello como pinta hoy en día. Durante su construcción los más de 600 obreros, todos ellos inmigrantes, tuvieron que trabajar en unas pésimas condiciones, especialmente para aquellos que se encargaban de los cajones de madera armados bajo el agua y que levantaban los cimientos de la torre. Más de una veintena fallecieron a causa del síndrome de descompresión.
El mismo ingeniero jefe de la obra, Washington Roebling, quedó postrado en cama, con lo que su tarea se limitó a seguir los avances de supervisión desde la ventana de su apartamento en Brooklyn, y fue su esposa la que hizo de enlace con los constructores. El puente alcanzó una gran fama mundial de manera inmediata tras su apertura, aunque las malas condiciones meteorológicas en forma de lluvia, nieve o granizo eran frecuentes e impedían la circulación de vehículos.
Son numerosas las anécdotas de este famoso puente, las más curiosas son las siguientes: Tras 17 años trabajando en el proyecto, su creador murió 5 días después de que fuera aprobado. Su hijo quedó entonces al cargo de la obra, pero no pudo continuarla. El primer día de apertura circularon por él más de 1.800 vehículos y 150.000 personas. Siete días más tarde corrió el rumor de que el puente iba a derrumbarse, esto provocó una estampida humana y acabó con la vida de 12 personas.
El puente se llamó originariamente New York and Brooklyn Bridge y hasta 1915 no se le cambió a su nombre actual. El 19 de mayo de 1885, Robert Odum se convirtió en la primera persona en saltar desde él. Aunque se le rescató con vida nada pudo hacerse y murió horas después. Tuvo tiempo de preguntar: “¿Hice un buen salto?”.
Como última curiosidad destacar también que hasta 1911 existía un peaje por cruzar el puente. Las tarifas eran de 1 centavo por hacerlo a pie, 5 a caballo y 10 en carruaje.
Son sólo 1,8 kilómetros pero los minutos que uno pasa mientras recorre el puente merecen la pena.



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