Una capital vibrante que ha sabido adaptarse al cambio
- Pedro

- 28 may 2020
- 2 Min. de lectura
Han pasado 9 años desde que puse pie en tierra por primera y hasta ahora única vez en Noruega. Solo fueron tres días en mayo, pero lo recuerdo como si hubiera ido una semana. Oslo merece tanto la pena y es tan diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en el resto de Europa…
Sin duda es una de las ciudades europeas que más ha crecido en la última década. Una capital que no tiene nada que envidiar a Centroeuropa y que ha sabido estar a la altura gracias a sus nuevos barrios y sobre todo a los nuevos símbolos arquitectónicos como la Casa de la Ópera o el Museo Astrup Fearnley que han dado un lavado de imagen a la misma.
Y no puede estar mejor ubicada. Situada entre el fiordo Oslofjord y entre colinas, fue elegida Capital verde europea en el año 2019. Un premio que se ganó a pulso por su esfuerzo en preservar los espacios naturales.
Su centro urbano se recorre ágilmente a pie o en bicicleta, algo muy recurrente allí. Y no me olvido de su gran tradición gastronómica, muy diversa y en evolución continua, lo que la ha llevado a una acogida magnífica por el turista.
Oslo, capital de Noruega desde el año 1814, es también la sede de las instituciones más prestigiosas de su cultura. Durante todo el año acoge espectáculos de ballet, teatro y ópera y si te gusta el arte, puedes deleitarte en el Museo Nacional o el Munch. También es conocida por la gran cantidad de conciertos y festivales que celebra al aire libre cuando llega el buen tiempo.
He leído que el próximo año abrirá un nuevo espacio el museo de Arte Contemporáneo y el de diseño y artes decorativas. Buen momento sin duda para acercarse otra vez y disfrutar paso a paso del encanto de esta gran capital nórdica. Me encantaría tanto volver…















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