Una ciudad joven y moderna
- Pedro

- 25 abr 2020
- 2 Min. de lectura

Este viaje ha sido uno de los que más recuerdo con cariño. Fueron solo tres días pero el tiempo suficiente para conocer una nueva cultura, con otras tradiciones a la nuestra. Aunque ya parezca muy lejano en el tiempo, solo han pasado tres años. Bienvenidos a Sofía.
Sin duda es uno de los destinos más visitados en Bulgaria. La historia de esta gran capital está marcada por el dominio otomano que entre finales del siglo XIV y hasta 1878 ejerció tal poder en la zona que se nota perfectamente en sus monumentos. Sus calles son una mezcla de diferentes pueblos, y el arte que disfrutamos paseando también es muy variado.
En sus orígenes, a la ciudad se la denominaba Sardica o Serdica puesto que era un asentamiento que procedía de la tribu celta de los Serdi. Más tarde los romanos la conquistaron y la dotaron de numerosas torres, edificios administrativos, muros, baños públicos, su ayuntamiento, el foro, una gran basílica y un circo. Fue una de las primeras ciudades que reconoció el cristianismo.
Lamentablemente como ha sucedido con muchas capitales europeas, fue destruida por la invasión de los Hunos en el 447. El emperador bizantino Justiniano I se encargó de su reconstrucción. Pasaron los años y cuando llegó el siglo X la ciudad alcanzo un estatus de próspero centro de comercio y artesanía. Dicen las leyendas que el nombre de Sofía le viene dado por “sabiduría”, del griego antiguo. Ya en el XVI, su trazado urbano se adaptó claramente hacia el estilo otomano. Prueba de ellos son sus mezquitas y fuentes.
Con la llegada del periodo contemporáneo, las fuerzas rusas tomaron la ciudad el 4 de enero de 1878, durante la guerra ruso-turca y se convirtió en capital del Principado Autónomo de Bulgaria en el año 1879. Fue propuesta como capital del país por Marin Drinov y aceptada el 3 de abril de ese mismo año. Pero como muchos países, se vio implicada en la Segunda Guerra Mundial y bombardeada por aviones aliados en 1943. Con la invasión soviética, el ejército búlgaro que se alió con los alemanes, fue derrotado.
En los años posteriores, se produjo la reconstrucción del país y su población fue creciendo puesto que regresaron muchos habitantes que habían huido al campo. En los tres días que estuve en la ciudad, disfruté muchísimo recorriendo todos esos lugares y rincones mágicos que han logrado conservar y reconstruir. Y sin ninguna duda, el que más me impactó fue su catedral de Alexander Nevski., que es el principal sitio religioso.
Este templo lleva el nombre del gobernante ruso que fue una persona clave en su historia medieval por su defensa del cristianismo ortodoxo frente a los ataques católicos, teutones y tártaros. Su figura es muy venerada en Bulgaria y sus 52 metros de alto, 72 de largo y 42 de ancho, la convierten en una de las iglesias más grandes de Europa y del mundo.
SI viajáis a este país es una de las primeras paradas que debéis hacer.



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