Una forma diferente de ver y escuchar el mundo del arte
- Pedro

- 13 sept 2020
- 2 Min. de lectura
Paris cuenta con un centro denominado Atelier des Lumières en el que ofrece una serie de exposiciones inmersivas. Llevaba tiempo queriendo acercarme a conocerlo porque me habían hablado muy bien de él, y tengo que confesar… que me ha encantado.
Situado en la rue Saint- Maur, cercano al cementerio de Père Lachaise, es un gran centro en el que se fusionan la música, el color, el sonido… todo ello para crear un espectáculo entretenido de luces y un repaso por las obras de los mejores artistas del mundo de la pintura, pasando por Monet, Renoir o incluso Chagall. Todos conocemos sus cuadros de paisajes, desde puertos como el de Marsella, las luces del litoral mediterráneo, o las obras de los fauvistas como Matisse.
El comisario de esta exposición ha logrado combinar el talento de estas obras, mezclado con elementos sonoros que le dan una mayor amplitud y hacen que el ser humano se siente durante cerca de una hora a reflexionar y evadirse de lo cotidiano. Con el paso de los minutos, va cambiando la “trama” y lo que antes era el aire de los pintores con la modernidad y el enfoque puntillista, ahora se transforma en lienzos bañados en una luz difusa.
Esto es el Atelier de Lumières, nunca sabes si lo que ya has visto al principio es mejor que lo que viene después. Y si uno se queda con ganas… de repente se apaga la música y vuelve con mejor ritmo para sumergirnos en los países mediterráneos. Cuadros que surgen al compás de una nota que va haciendo aparecer toques de colores para una vida mundana, en el que hay cabida para conciertos, carreras de caballos, regatas, o que también nos deleita con la obra de Marc Chagall y nos enfoca esos colores intensos bajo el sol de la Costa Azul y de Niza por medio del collage.
No contentos con esto, también podemos recordar la figura del genio Yves Klein, con la exposición Infinito Azul, que homenajea a este artista del siglo XX cuyo único pensamiento era hacer de su vida una obra de arte. Me encantó poder sentirme en un salón de arte contemporáneo de Paris de los años 50 e ir viendo pasar sus Monocromos, diseños que expresaban un mundo lleno de color en el que una tormenta azulada invade el espacio y nos transportaba a una radiación puramente cromática.















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