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Washington siempre en la memoria

  • Foto del escritor: Pedro
    Pedro
  • 16 abr 2020
  • 2 Min. de lectura

Pasear por las calles de la capital es sumergirse en la historia del pueblo americano y uno de sus mayores símbolos no es otro que el Washington Memorial. El gran obelisco blanco localizado al oeste del National Mail y que conmemora al primer presidente de su país y líder del revolucionario Ejército Continental, que logró la independencia de los británicos.


La figura de George Washington ha logrado que los EEUU levantasen un enorme

monumento hecho en mármol, granito, piedra arenisca y acero. Su altura de 190 metros lo convirtieron en 1884 en la estructura más alta del mundo superada cinco años después por la Torre Eiffel de París. El obelisco es una estructura en terminada en punta, lo que le da mayor sensación de profundidad, creada por Robert Mills. Cuenta la historia que se tardaron 40 años en su construcción debido a la falta de fondos del Estado para subvencionar la obra.


Aunque a simple vista no llame demasiado la atención, merece la pena visitarlo si uno se acerca a Washington mientras pasea por el rincón que alberga los monumentos más interesantes de la ciudad, y que sin duda conocemos de sobra, en gran parte por la enorme cantidad de películas y libros que los han citado y descrito en sus aventuras.


El gran obelisco se ve proyectado en el “estanque del reflejo”, Reflecting Pool, cuya forma rectangular hacia el oeste, comunica con el monumento a Lincoln. El respeto que el pueblo americano le tenía a su presidente George Washington hizo que tras su muerte en 1799 se sucedieran muchos homenajes y se pensara en la construcción de un gran monumento para honrarle. Los esfuerzos para su levantamiento se iniciaron finalmente en 1833 con la recogida de donaciones. A mediados de la década ya habían logrado reunir más de 28.000 dólares y anunciaron un concurso para su diseño.


En 1848 los miembros de la sociedad iniciaron las obras. Las excavaciones para los cimientos del Monumento a Washington empezaron en primavera y la primera piedra se puso el 4 de julio. Las construcciones continuaron hasta 1854 fecha en la que se agotaron las donaciones. Al año siguiente, el Congreso votó donar 200.000 dólares más pero cambiaron pronto de idea.



Tras muchos años de dificultades y momentos en los que se pensó seriamente abandonar el proyecto y que nunca se terminara, en 1879 un coronel llamado Thomas Casey miembro del Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense rediseñó los cimientos para que la estructura pudiese soportar 40.000 toneladas.


La construcción del monumento iba viento en popa puesto que el Congreso aportaba los fondos necesarios. En cuatro años se terminó siendo la última piedra de 2,8 kilogramos y el 6 de diciembre de 1884 los americanos vieron realizado su sueño. Aunque no se abriría al público hasta 1888, un 9 de octubre.


El Monumento a Washington atrajo a mucha gente desde sus inicios. En los seis meses posteriores a su inauguración fueron más de 10.000 personas las que subieron los 893 escalones hasta su cima. Ese número fue aumentando sin duda gracias a la construcción de un ascensor.


Si pasas por la capital, no dejes de acercarte a verlo.

 
 
 

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