Yo sí fui runner
- Pedro

- 3 may 2020
- 2 Min. de lectura
Ha vuelto la fiebre por salir a correr, en estos días muchos recuperan sus viejas zapatillas oxidadas tras tantos años guardadas en un trastero, se visten ataviados con la primera camiseta que pillan por casa, y descubren la aplicación del móvil que te mide los pasos, los kilómetros, las calorías consumidas y la frecuencia cardiaca, pero se les olvida un pequeño detalle… no han practicado deporte en su vida.
Yo siempre fui deportista, muy deportista. Desde pequeño fútbol y baloncesto fueron mis pasiones, tanto que disfruté del deporte de la canasta durante toda mi trayectoria escolar en el equipo del colegio con el que incluso llegué a ganar varias ligas. Qué tiempos aquellos…
Luego lo dejé, la Universidad, nuevos proyectos, el trabajo… todo ello hizo que aparcara el baloncesto. Eso sí, me pasé al fútbol sala. Y de repente hace unos años me picó el gusanillo de las carreras. Realmente no sé muy bien cómo acabé ahí, bueno sí, varios amigos se habían animado a participar en ellas y competían desde hace tiempo y un día me dio por probar y apuntarme a una. Comencé por distancias “cortas”, sólo 5.5 kilómetros, que así dicho parece poco pero hay que hacerla.
Y yo tengo un problema, o quizás una virtud. No me gusta perder ni en el calentamiento. Con lo que pese a que no me había inscrito en mi vida en una, ya desde mi debut me veía en la obligación de dar lo máximo y llevar un ritmo lento no iba conmigo. Sé que no estaba preparado ni mucho menos entrenado pero cuando uno es competitivo cien por cien sale a tope y era lo que hacía. Mis compañeros de fatiga me decían que no forzara tanto, que no saliera al sprint, pero mi cuerpo me lo pedía.
Los inicios fueron duros, en las primeras pruebas siempre quedaba atrás, pero poco a poco me fui superando y logrando mejores marcas e incluso logré subir el nivel y apuntarme a pruebas de 8, 10 y 12 kilómetros, que ya era una locura para mí.
Valladolid ha cogido tanta fama en estos últimos tiempos en el mundo del running que raro era el fin de semana en el que no se celebraba algún evento en la capital o la provincia. Al final lo vivías como una rutina, te preparabas durante la semana lo mejor que podías, salías solo o en grupo a entrenar algo para el domingo y cuando llegaba el día de la carrera solo querías correr y correr.
Aquel año disputé muchas y guardo esa experiencia con gran cariño. Porque llegaba el domingo, tocaba madrugar, la gente te decía: “¿Dónde vas tan pronto?” y poco a poco iba sumando kilómetros a mis espaldas. Que si el Cross de la Policía, otro día el Cross de los Bomberos, la Carrera de la Antigua, Ríos de Luz, la carrera popular de Villalar, el Cross de la Ciencia, las 12 Uvas… el calendario era tan extenso que no paraba…
Sinceramente lo echo de menos, quién sabe si me volverá a picar ese gusanillo algún día…















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